Malas palabras
No me considera una persona que usa mucho malas palabras, o como muchos definirían como “grosero”, pero sí uso el lenguaje soez cuando es apropiado, esto es cuando platico con mis amigos o en situaciones donde estas palabras dan énfasis, por ejemplo cuando me doy con el martillo en un dedo o me avientan el carro al manejar.
El uso excesivo de malas palabras definitivamente demuestran el pobre nivel educativo, en esos caso por el pobre vocabulario se usan como muletas. Siempre me ha fascinado el uso de la palabra “chingar” en México como un verbo que se acomoda, desde las conotaciones sexuales, mentar la madre, hasta indicar molestia y velocidad entre otros. He aquí una lista incompleta de su uso:
- Iba en chinga – Conducía rápido
- No me chingues – No me molestes
- Aquí, chingándole – Trabajando duro
- Eran un chingamadral – Eran muchísimos
- Me metí un chingazo – Me golpié
- Ah chingados – Caray
- Ya me chingué la comida – Ya comí
Definitivamente es una de mis palabras favoritas por su gran flexibilidad lingüística.
Como mencioné, todo se puede abusar y hay personas y lugares en mi país donde se abusa de las groserías. No sé si sea por ser hombre, pero nunca me ha parecido apropiado que las mujeres se expresen con muchas malas palabras, ahora dicen “wey” o “verga” muy seguido, a lo mejor es parte de la liberación femenina, me gustaría que una mujer me dijera si obtiene el placer al usar esas palabras, entiendo que entre amigas se hable así, pero ya en conversaciones donde se encuentran varios géneros no lo considero apropiado. No es por machista sino que creo que hace ver mal a una mujer, se ve más corriente, seguramente las mujeres pensarán lo mismo de un hombre que habla así, coménteme.
Me irrita mucho que los niños usen malas palabras, una vez fui a la primaria de mi hijo y oi con sorpresa como se expresaban los chiquitines, diciendo como “vete a la verga pendejo”, eso esperaría oir en una cantina no de un niño de cuarto grado. Obviamente es lo que oyen en casa y así lo reflejan, malos padres.
En resumidas cuentas, creo que las groserías tienen su lugar, es como tomarse un tequila, es sabroso decir las malas palabras, es necesario en ocasiones, pero como todo el abuso es nocivo para la salud.






Una vez llegué a mi calle y vi que todos los chiquillos de la cuadra (entre 10 y 13 años) estaban jugando futbol en la calle una cascarita asi escandalosa y con emocion. Dije que chido que los muchachillos jueguen en vez de andar haciendo travesuras por allí. La emoción harto romántica se me pasó cuando en lo que bajaba las bolsas de la compray abria la casa escuché todo lo que se estaban diciendo mientras jugaban… como para lavarlas la boca con jabón.